16 mayo 2007

Brokeback mountain: vaqueros en terreno vedado

Brokeback mountain. USA, 2005.

Director: Ang Lee

Guionistas: Larry McMurtry y Diana Ossana, basándose en el relato de Annie Prouxl

Intérpretes: Heath Ledger, Jake Gyllenhaal

Temáticas de interés: Homosexualidad masculina, adulterio, represión

Sinopsis:

Durante los años 60, Ennis y Jack son contratados para cuidar de forma permanente unos terrenos en medio de la América profunda. Ambos son vaqueros poco sociables y acostumbrados a inviernos largos y duros. Sin embargo, una noche fría en la que duermen en la misma tienda acaban congeniendo mucho más allá de lo esperado. Lo que parecía una aventura más producto de las circunstancias que otra cosa acabará siendo algo más cuando tiempo después, estando ambos casados, siguen pensando el uno en el otro y buscan la forma de volver a verse.

Comentario:

La lista de películas que abordan la homosexualidad masculina es larga, y en el blog hemos comentado ya unas cuantas, pero entre ellas suelen predominar de forma aplastante las historias contemporáneas con protagonistas muy jóvenes o las obras atrevidas, incluso estrafalarias a veces, de directores con un claro afán de provocar o de resultar chocantes al espectador. Brokeback mountain se desmarca mucho de todas estas corrientes al atreverse a abordar, con gran sutileza y sin levantar la voz en ningún sentido, el tema de los homosexuales casados.

Resulta una obviedad el decir que la homosexualidad ha sido hasta hace prácticamente nada un enorme tabú y un estigma en todas las sociedades (y lo sigue siendo en la mayoría de países del mundo y en las áreas rurales de los desarrollados), por lo que las relaciones entre personas del mismo sexo han permanecido casi siempre invisibles, no pocas de ellas camufladas detrás de matrimonios heterosexuales, como en el caso que plantea la película. En un mundo machista que asocia homosexualidad masculina con amaneramiento o con travestismo, a unos hombretones como Ennis y Jack, los vaqueros de la película, su tendencia sexual les provoca confusión: ellos no son como los afeminados que pudiera haber en su pueblo, se ven capaces de tener relaciones con mujeres y es probable que se hayan casado, no con la intención de ocultar nada, sino simplemente por una gran falta de información que les impide comprender su propia sexualidad. Sin embargo, cuando las circunstancias de la vida los juntan, ambos se dan cuenta de lo que realmente desean; las escapadas en las que se ven a espaldas de sus mujeres por una parte son frustrantes por lo breves, por otra son lo que les da fuerza para aguantar la vida fingida ante los demás, lo que hoy en día se conoce como vida "dentro del armario".

Ahí es donde surge la dicotomía tan propia a todo el cine de Ang Lee: como en El banquete de bodas, Sentido y sensibilidad o Tigre y dragón, tenemos a un protagonista que antepone sus sentimientos y su libertad a todo y que está dispuesto a romper con las convenciones sociales por amor, y a otro, tal vez más sensato o tal vez más cobarde, que prefiere mantener las apariencias y renunciar en parte a sus deseos y a una vida plena a cambio de tranquilidad y aceptación social, aún siendo consciente de que su estabilidad se basa en el engaño a los demás, que a su vez deriva de querer engañarse a sí mismo. La mujer de uno de ellos, que se ha enterado de la verdad, participa además en el embuste al ocultar lo que sabe; el film deja bien claro que el matrimonio tradicional, en muchos casos, está basado más en las apariencias que en la confianza mutua y que el ser cómplice de la infidelidad de su marido degrada también a la propia esposa, que acabará explotando algún tiempo más tarde. Pero la narración, sobria y fría, no carga las tintas y deja que sea el espectador quien juzgue a los personajes y saque sus conclusiones.

Quien espere un gran melodrama puede llevarse una decepción ante Brokeback mountain, un film tan sencillo y verosímil como la historia que cuenta; aunque tuvo un gran éxito comercial por la multitud de premios que recibió, no es una historia para todos los públicos, y no por el tema sino por la forma de plantearlo, sin subrayados ni concesiones a lo comercial.


Escenas destacadas:

  • Tras más de un año sin verse, los dos vaqueros buscan un lugar para besarse y recuperar el tiempo perdido. Con tanta pasión, no reparan en que pueden ser vistos; de hecho, la mujer de uno de ellos los observa desde la ventana.
  • SPOILER: Tras la muerte de Jack, Ennis visita a sus padres; sin insinuar nada, la madre lo acoge como a alguien de la familia y trata con cariño al que comprende que fue el gran amor de su hijo.
Anécdotas:

  • Se la puede calificar como la primera película de éxito arrollador entre todo tipo de públicos en la historia del cine gay, entendiendo por tal el que cuenta historias de amor o de sexo entre dos hombres o dos mujeres (aunque si definimos cine gay como cine llevado a cabo por homosexuales militantes esta película no lo sería, puesto que Ang Lee es heterosexual). Se proyectó además, a pesar de algún que otro rechazo discreto por parte de ciertos sectores, con absoluta normalidad en los cines.
  • Recibió un sinfín de premios en USA cuya guinda fueron los Oscars a mejor director, guión adaptado y banda sonora. No obstante, fue una pequeña decepción que Crash le arrebatara el premio a la mejor película del año, para el que era clara favorita.
  • La taquilla tampoco fue nada desfavorable para un film independiente de espectativas modestas: 83 millones de dólares de recaudación en USA y más de un millón de espectadores en Francia y en Alemania.

Sobre el director:

Ang Lee, uno de los mejores directores del cine actual, nace en Taiwan en 1954. Influido por el estilo del maestro japonés Yasuhiro Ozu y por el cine occidental, sus películas tratan siempre del conflicto entre la vida moderna y la tradición, entre el deseo de vivir libremente y la responsabilidad hacia los otros y la necesidad de guardar las apariencias. Su primer gran éxito internacional lo obtiene con El banquete de bodas (1993), una comedia sobre un homosexual que celebra un matrimonio de conveniencia para contentar a su familia. El tema de la homosexualidad lo volverá a abordar con gran éxito en la excelente Brokeback mountain (2005). Entre ambas películas, aparte de su obra maestra La tormenta de hielo, rueda Tigre y dragón (2000), un film romántico y feminista de artes marciales y sentimientos reprimidos con el que consigue el mayor éxito en taquilla nunca logrado por una película de habla no inglesa.

Enlaces:

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos desde Caracas. La verdad es que la película tiene mucho de especial. Cuando fui a verla con mi esposa, lo que resultó un poco chocante con la primera escena en la carpa, la otra no, ya para ese momento uno pensaba 'están enamorados' casi sin darse cuenta; salí sintiendome triste por esos dos. Pero mi esposa estaba devastada, lo que me pareció algo exagerado. Luego me contó, cuando pudimos hablar por fin de la película, que la escena del tipo al final, solo, añorando lo que había perdido, la hizo pensar mucho en nuestra vida juntos. Nos casamos después de viejos, de los treinta y algo, aunque nos conocimos de muchachos y nos gustamos, pero nos perdimos el rastro. El caso es que no tenemos hijos, no llegaron, y fue cuando me dijo que al ver al australiano sufriendo por no saber actuar antes, pensó en qué habría pasado si no nos hubieramos separado a los viente, que tal vez tendriamos hijos. La verdad es que nunca lo había visto de esa forma. Ella se volvió fanática de la pelicula, como muchos, recomendándosela a todo el mundo. Creo que si una historia es capaz de afectar así a la gente es porque tiene algo muy especial. En cuanto al que muere en la trama, qué expresivo es ese tipo, a ese no le habría costado mucho actuar en el cine mudo. Gracias.

jalop dijo...

Muchas gracias por el comentario. Efectivamente, como todas las grandes películas, Brokeback mountain habla sobre sentimientos y experiencias que van mucho más allá de la historia particular que cuenta, por lo que espectadores de todo tipo y condición se pueden sentir identificados con uno u otro de los personajes. Un saludo.

La navaja en el ojo dijo...

Creo que lo que comenta Anónimo es lo bueno y lo bonito de la película: que cuenta una historia de amor imposible. El por qué es imposible es lo de menos. Pero esos obstáculos son los que hacen que el film emocione. Todos sabemos que las cosas demasiado fáciles no tienen interés.

Como bien dices, si hubo gente a la que no le gustó -salvo excepciones de personas muy retrógradas de las que he oído contar cómo reaccionaron, pero a las que no conozco- es por la lentitud del planteamiento y no por el tema de la homosexualidad. Pero es una lentitud buscada y hecha a propósito.

A mí me parece buenísima, mucho mejor que Crash, pero bastante es con que haya tenido el éxito y los premios que ha tenido, como también comentas.

Jexxiland dijo...

Me gustó mucho.

Al fin y al cabo es una historia de amor, y como tal me ha gustado mucho.

Anónimo dijo...

Lo que dice el que escribe como anónimo es verdad. La película es delicada porque pega en muchas cosas. Creo que a mí también me dió por ponerme a sacar cuentas de mi vida, como su mujer, cosa que no es tan saludable. Eso de sí hubiera, si no hubiera... no es muy recomendable. La vida se iría en indesición.

¿Pero de qué sirve pensarlo cuando se está mal? Estoy por cumplir cuarenta y siete, con una vida hecha, tres muchachos, una ex esposa y mucha gente amiga que me acompaña y me quiere, y que no se cansa de presentarme amigas, porque no es bueno para el hombre estar tan solo. Pero no es lo que quiero, quiero mi vida, mi paz, aunque no sea por libertad de ganas.

Hace muchos años decidí que una parte de mi vida debía morir, que no debía ser. Me costó, como me dolió ver irse a un tío buena gente a quien quise mucho. Pensé que era lo mejor, y ahora me pesa, no porque necesite andar por ahí con cualquiera, sino porque de verdad siento que algo me falta. Algo que duele. No es ir a joder por ahí. No sé cómo decirlo bien. Creo que lo que me da miedo, es pensar en muchos años en el futuro, verme un día pensando en todas las oportunidades que dejé pasar de ser yo, y lamentarlo, como el viejo ennis. Viéndolo uno imagina que ese carajo daría todo por volver atrás y hacer las vainas de forma distintas.

Anónimo dijo...

Hola, me llamo Víctor, también yo me volví algo loco con esta película y me gusta leer sobre ella todavía. No nada más de lo que pasó en la cinta, sino sobre los personajes y las mil pequeñas cosas que pudieron pasarles en esos veinte años de relación. Con amigos, chicos y chicas, hablamos mucho de ella, e inventamos cuentos e historias. A veces me pasan por el celular una frase firmada por uno de ellos y me asombran por lo bonito y siento algo vagamente parecido a lo que sentí cuando la vi. También yo he visitado páginas Web buscando más sobre ellos, y en una de ellas encontré este cuento que me encantó, sentí un nudo en el estomago cuando la leí. Quiero bastante a esos dos tipos y por eso he enviado recados como este, para que otros también los lean, y los quieran. A los que aman a jack y enis, espero que les guste:

CABALGATA

El cielo hiere de lo hermoso y claro que está mientras los dos vaqueros se mecen al compás del trote de los caballos. Es un cielo despejado y amplio, libre de nubes, de un azul que corta la respiración; de un celeste que a Ennis del Mar le recuerda noches frente a una hoguera, o de rodillas dentro de un tienda de campaña, cuando miró el amor y la entrega en lo más profundo de los ojos del sujeto que cabalgaba a su lado. Sujeto que va hablando mucho como siempre, risueño, alegre y optimista, como si temiera callar y que en medio del silencio la cruda realidad los alcanzara. Pero no, la vida no los alcanzaría nunca porque nunca se detendrían, eso lo habían decidido ya. Y el rostro hosco y delgado del catire se suaviza un poco al pensar, mariconamente, que él sólo se detendría, tal vez, para mirar en los ojos de su compañero y ver en ellos todas esas promesas que le parecían absurdas, fantásticas e imposibles en la voz de otro hombre, pero que emergían fácilmente en esas pupilas. Esa mirada le decía que todo saldría bien, y él lo creía en esos instantes cuando lo eterno se detenía.

Los dos jóvenes, con sus casi veinte años a cuesta, otean el horizonte, buscan un punto exacto, buscan una vida juntos desde que descendieron de aquella montaña alta y fría, azarosa y algo cruel, pero donde aquellos hombres habían encontrado lo que nunca habían tenido, aquello que ni siquiera se habían dado cuenta no poseer. A Ennis le asusta un poco, teme que vayan donde vayan los vean con burlas, con asco, que los juzguen, que le griten maricas, y muera de rabia o vergüenza: “miren al marica”. Le aterra que sea alguien a quien conoce el que lo grite, entre el desprecio y las risas crueles. Pero calla ese miedo, no tenía derecho a sentirlo cuando cabalgaba junto a Jack, el valiente y hermoso Jack. No quiere expresarlo porque sabe que vencerá al maldito miedo al final, lo sabe desde que emprendió la jornada con ese hombre en busca de su felicidad.

No sólo buscan un lugar donde asentarse, donde posar los pies y luego los cuerpos mientras se aman, cuando sus manos recorrerían nuevamente el cuerpo del otro, como incrédulo, como no convencido aún de que realmente lo tiene, de que Jack es suyo. Buscan ese lugar donde no hay temores, risas, burlas, desprecio ni agresiones. Jack le dijo que si seguían hacia el Sur, siempre al Sur, llegarían a una tierra sin prejuicios, sin el odio de aquellos que se sienten amenazados en lo que son porque les parece que dos hombres se miran demasiado, como con ternura, como con afectación, como con amor. Jack dice que esa tierra existe, y Ennis quiere creer, como creyó a pie juntillas la mirada larga que esa segunda noche Jack le lanzó cuando él entró a gatas en la tienda: te amo, Ennis del Mar, eres mi vida y ya no soy nada sin ti. Eso fue lo que leyó, y lo creyó, casi llorando ante la inmensidad del regalo.

Ennis vuelve un poco el rostro y mira a Jack sonreír, no a él, sino al camino, al paraje que está frente a ellos, seguro como está que llegaran pronto a la tierra de promisión. Las mejillas de Jack enrojecen poco a poco por el sol, pero parece no notarlo. Y Ennis nada dice, no quiere distraerlo, no quiere desviarlo de su camino de esperanzas, de sueños, de deseos. A él no le parece algo tan seguro, aunque sigue adelante, sin cansarse, oyéndole decir con vehemencia, con esperanzas: “más al Sur, Ennis, más al Sur estará bien, es por allá”. A él le basta con cabalgar junto a Jack, y si continuaran así, eternamente, estaría bien, hasta que muriera de viejo, a su lado, y cuando Dios le preguntara qué había hecho con su vida, que sí entendía la gravedad de su pecado, él con la vista baja respondería que si, que corrió tras su vida, al Sur; y después esperaría lo que llegara, pero si en esos momentos lograra recordar el tiempo vivido con el otro, ni el Infierno estaría mal.

Ahora iban a buen paso, y sus temores iban quedando a las espaldas, rezagados, refunfuñando al ir quedando muy atrás. Jack no ha sido muy específico sobre el sitio a donde marchan, pero a Ennis no le importa porque más o menos imagina también ese lugar, aunque le cuesta más, no es un alegre charlatán como el otro. Será un lugar alto, con montañas de suaves pendientes, de verdor, con arroyos claros y fríos, como dicen que una vez fue el Paraíso. Allí levantarían la cabaña, de madera sólida, con los pocos y necesarios muebles para vivir. Sonríe con cierto embarazo pensando en la cama grande y fuerte, resistente, que constituirán, y puede imaginar la mueca libidinosa y atractiva de Jack mientras lo hacen. De noche podrán salir bajo las estrellas, y se sentarán alrededor de una fogata en el porche rústico, que parecerá parte del paisaje, una que jamás se apagará. Fumando y tomando whisky barato hablaran y hablaran, de todo lo que nunca le han contado a nadie, de las cosas que desearon sentir, decir y hacer durante toda una vida, y de las que esperaban realizar todavía. No se cansarían de hablar, y cerrando los ojos, él sonreiría oyendo a Jack contar sus cuentos exagerados sobre el rodeo o las chicas que se habían enamorado de él. Y cuando la noche avanzara, y el whisky menguara entumeciéndolos dulcemente, Jack tocaría su horrible armónica, y a él le parecerían las melodías más hermosas de todo el mundo, y pensaría que nunca hubo un portento musical igual a su Jack.

Y seguirían así hasta que adivinara en el silencio de Jack ese deseo tan grande que ya no lo dejaba moverse. Y él, Ennis del Mar, se pondría de pie tendiéndole una mano y ayudándolo a levantarse, para mirarlo a los ojos en las penumbras, abrazándolo y finalmente besándolo, como no podía dejar de hacer desde esa segunda noche en aquella tienda de campaña. Su boca lo cubriría y se apoderaría de la suya, hasta que Jack gimiera contra él. Y sabe que Jack haría esa vaina que lo enloquecía cada vez, abrazándose a él, le rodearía la cintura con sus piernas, y él tendría que llevarlo en peso a la cabaña, a la gran cama donde caerían uno en brazos del otro, y la noche no alcanzaría para hacer todo lo que deseaban, para calmar tantas ganas, para explorar tanto, para cansar sus cuerpos. Despertarían con el ensordecedor gorgojear de los pájaros, abrazados, cada uno sintiendo el cuerpo tibio y firme del otro, y por un instante estarían quietos, disfrutando eso y pensando, tal vez, que todo lo habrían perdido y desperdiciado si al bajar de Brokeback Mountain no hubieran montado en los caballos y escapado juntos a la carrera. Jack se estremecería ante tan terrible idea, y Ennis no podría ni imaginar lo que habría sido de su vida si no hubiera aceptado la oferta en los ojos del otro.

A media mañana irían hasta el pequeño río y gritando como niños se arrojarían en él, abrazándose. El agua, el cielo y las montañas solo reflejarían esas ganas de vivir, esa felicidad de estar juntos, el gran amor que esos dos carajos habían descubierto el uno por el otro. Y mientras cabalgan, todavía no lo suficientemente adentrados en el Sur, Jack sonríe todavía más, lleno de optimismo; y a su lado Ennis no quiere dejar espacio para las inquietudes. Marchan hacia el Sur, no saben exactamente a dónde, pero lo intuyen: una tierra de buenas personas, de gente que habla con todos y de todos pero sin juzgar, sin condenar, sin odiar.

-Aún hay que seguir más al Sur, Ennis; pero me parece que ya estamos cerca. –le sonríe Jack, echando su sombrero hacia atrás, estudiando el horizonte, forzando su azulada mirada, esperando en cualquier momento que sus sueños se materialicen en forma de montañas, unas montañas amigas, que brindarán apoyo y seguridad. Unas montañas que sabemos que no estarán porque sólo existen en las esperanzas y en los anhelos del joven.

-Que bien, jack. Ojalá lleguemos antes de que anochezca. –responde Ennis, mirándolo con ese afecto tosco, volviendo la vista al horizonte, donde sólo hay valles y más llanuras, esperando que su deseo, su amor y fe sea igual al de Jack, y tenga la fuerza suficiente para levantar las dichosas montañas. Y repara en que el otro frunce un poco el ceño, con la boca abierta.

-Mira, creo que hay como una sombra a la distancia, ¿será allí…?

-No lo sé, Jack, tu vista debe ser mejor que la mía…